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HISTORIA QUE NOS NARRAN EN EL 2º DÍA DE LA FIESTA DE REJAS DEL BURGO

Pregunté al mozo que se había encargado del bienestar de la caballería y sin dejarme terminar,  me comunicó que por la noche la había dado agua y que hacía poco que la echó una buena pastura, le di la gracias que él se alegró mucho.

  Como habían quedado las dos mujeres  el día anterior que fuéramos a comer a la otra casa, le comunicamos a la primera, que teníamos pensado el marchar a nuestro pueblo cuando el sol bajara un poco, aquella misma tarde.

  Tocaron las campanas para que los feligreses fueran a misa, era el segundo día de la fiesta, nosotros fuimos como una pareja más del pueblo; no hubo novedad en todos los actos litúrgicos; y  seguidamente después de un poco de baile, llegaron a buscarnos los de la casa donde teníamos que ir a  comer.

  Este matrimonio tenía dos hijos: varón y hembra, que aunque estaban fuera del pueblo, en esos días se juntaba toda la familia.

   La hija, años atrás cuando pasaba de los treinta, la salió un pretendiente de lo más gracioso e interesante que se puede imaginar. Éste era de nuestro pueblo o sea, de Santa  María de las Hoyas. Al morir sus padres tiempo ha, le dejaron una casa con una pequeña tienda de comestibles, un huerto  y un caballo. Cuando vivían sus padres tenían muchas más cosas en la tienda, y entre ellas la famosa gaseosa de bola, que para poder beberla,  había que apretar con el dedo gordo para obligar a la bola que bajara al fondo del recipiente y a continuación ya se podía beber, a partir de aquella época nunca más he visto gaseosas  con el citado sistema de tapa.

   La historia del enamoramiento la narró  la interesada, más que otra cosa, yo creo que como diversión. Según ella, el citado sujeto venía del Burgo de Osma de comprar alguna cosa  con el fin de venderla en su pequeña tienda de comestibles.

   Poco antes de llegar a Rejas, se desató una tormenta , que en poco tiempo quedaron empapados  tanto el animal como el jinete, como seguía lloviendo y tenía que pasar por la puerta de la antes citada moza, le invitó a que entrara en sus casa  hasta que escampara, el caballo le dejó en el cobertizo y a él, le dejó que pasara a  la lumbre porque  según ella, daba pena verle, todo calado y se conoce que era tal el frío que tenía, que a ratos, daba diente con diente.

  Una vez calentado y pasada la tormenta, dando las gracias, emprendió la marcha con dirección a su pueblo.

   En el camino le sobresaltó el pensamiento de la citada moza, y se conoce que el gusanillo del enamoramiento le picó fuertemente. El pueblo nada dice de que anteriormente estuviera enamorado, así que tomó la determinación  de hacer lo que hace todo ser viviente, incluso las  plantas  aunque  sólo sea una vez en la vida.

   Resultado: Que este mozo ya cuarentón, había leído tantos libros como Don Quijote, a consecuencia de todo ello, se hizo un mundo a su manera, poco sociable y exacto en la tienda, tanto, que para hacer el peso justo, era capaz de partir por la mitad un grano de arroz.

   Decían algunos vecinos que pasó la noche en vela, a semejanza del que anteriormente estuvo velando las armas, él, ya tenía preparado el nombre que pondría a la moza de sus pensamientos, mientras tanto, estaba esperando con impaciencia  que saliera el astro Sol que da alegría con las primeras luces del alba, incluso a los más insignificantes pajarillos.