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CÓMO EL “SALVOCONDUCTO DE LA SUPERIORIDAD” TODO LO ALLANA,

Y OTRAS COSAS EN LAS FIESTAS DEL PUEBLO DE REJAS DEL BURGO EN EL AÑO 1.954

     Terminado el sermón y parte de la misa, sacaron en procesión al Santo, una vez fuera de la iglesia, el pendón delante  y los gaiteros tocando  con dos dulzainas y un tamboril.

Seguidamente la juventud se puso a bailar en una pequeña llanura y para seguir la procesión habían de subir una pequeña recuesta, yo me adelanté  con el fin de sacar un par de fotos, pero como veía que no tiraban cuetes, dejo la máquina de hacer fotos en el suelo, meto la mano en la sobaquera, saco la pistola, y tiro dos tiros al aire, la guardia civil llegó donde estaba yo a paso ligero, todo seguido me preguntaron: quién era yo y por qué había tirado dos tiros, mi contestación fue bien sencilla: que era Policía  y que como ni tiraban cuetes, me pareció natural animar un poco la procesión, no me dejaron terminar de hablar cuando ya me pedían la documentación,  se les bajaron las voces cuando les enseñé  una orden de la Dirección General de Seguridad que decía: “El Policía Nacional D. Pausilipo Oteo Gómez viaja en acto de servicio ordenado por la superioridad”. Una vez visto esto se les bajaron las voces y quedaron conformes, razón por la cual los tres nos reintegramos a la procesión, como ésta , sólo tenía que al pendón pronto salimos a campo abierto, donde un momento antes  me llamaron la atención los civiles, se dio un pequeño rodeo, para llegar a la calle principal que era donde se hallaba la iglesia, una vez dentro, terminada la misa,  se volvió la cara el cura, echó la bendición a los feligreses y seguidamente salió todo el personal a la calle.

   El grueso de la gente que salimos  de la iglesia, nos unimos a gaiteros que iban en vanguardia, tocando lo que sabían, porque lo poco que habían aprendido fue cuando estaban de pastores.

   La comitiva se paró frente a una plazoleta, que los días anteriores  la habían habilitado para bailar, un vistazo me bastó para juzgar en el estado en que se hallaba; tenía una pequeña pendiente y en algunas partes, asomaban algunas puntas de piedras por el suelo, las mozas quitando alguna suelta, todas llevaban zapato tipo monja.  Ateniéndonos a la verdad, en aquellos pueblos  y en la época que estamos tratando, no hacía falta ser buen bailarín, lo importante por encima de todo, era que no se pisara a la pareja.

   Mi mujer y yo entramos al ruedo para bailar un tango o algo que se parecía, terminada dicha pieza, fuimos a sentarnos a un banco y allí nos quedamos en plan mirones. Dejaron de tocar los gaiteros y como era la hora de comer más que pasada, junto con el marido y un hijo de la que nos había invitado, nos llegamos a la casa que estaba bien fresca, como casi todas  de los pueblos de La Ribera, hechas la mayor parte de adobe que evitan que entre el calor en el verano y el frío en invierno.

    Cuando llegamos y entramos en el comedor, estaban los platos preparados para ocho comensales con su correspondiente aperitivo, también había un porrón. y una jarra llenos de vino. Durante la  comida, la conversación fue entretenida, se habló del cura que había venido tarde, del sermón, de los tiros, y una mujer que no había ido a misa  estaba interesada en conocer lo más importante del sermón, les dije a los comensales  que si no les ofendía podía  decir yo dicho sermón de carrerilla, muy cercas de lo que dijo el cura, todos quedaron de acuerdo, y sin pensarlo mucho me subo en lo alto de una silla que hacía las veces de púlpito, y sin encomendarme a buenos ni a malos, empiezo mi perorata  que debió de ser sustanciosa ya que una mujer que había ido a  misa dijo al terminar yo: “igualito, igualito que el Sr. Cura”

 

 -----Gerona  Junio del  2.005                     CONTINUA>>>